No me deja entrar si no le demuestro que la tengo bien parada. Pero a media calle es difícil, no me puedo concentrar. Entonces él se la saca en el vestíbulo del edificio, para que vea lo sabrosa que la tiene. Y como si tuviera resorte a mi se me para. Y en la banqueta se la enseño. Cuando está satisfecho me deja entrar.
