
No soy afeminado.
Antes sí. Ladyboy total. Tenía que actuar con exagerada rudeza para que no me confundieran en la calle con chava.
Incluso al hablar me dijeron señorita hasta después de los 17.
Tuve mi ración de señores en esos años. Mi profe de inglés fue el primero de una larga lista de hombres que me trataron como a una chava.
A los 16 incluso se me declaró un chavo de 20, feo pero cortés. Y fui su novia durante más de 6 meses.
Él me bautizó. Paty, por panty.
Panty Miel me decía cuando estábamos a solas, en algún motel al que siempre llegaba vestida porque le daba pena que lo vieran con un hombre.
Me dejó cuando de un día para otro embarnecí. Físicamente soy muy varonil. Velludo y atlético.
Me confesó con pena que no le gustaban los hombres sino las mariconas.
Y yo hace mucho que no paso por una mujer ni de broma.
Lo femenino aquí está: sigo enamorada de mis pantys. Tengo mi colección de favoritas.
Las utilizo todo el tiempo.
Y me encantan los hombres, pero los compañeros gays son muy estrictos respecto al asunto de hacer mariconerías. Los comprendo perfectamente, les gustan los hombres, como a mi.
A mi, además, me gusta todo aquello que culturalmente entendemos por femenino: que me acaricien, que me besen. Sentir el peso de un hombre apachurrándome. Soy receptiva. Abierta. Intuitiva.
Pero eso lo mantengo secreto, por miedo al rechazo. A esa miradita de asco que deseo nadie te de nunca.
Por eso fue grande mi sorpresa al conocer a Rober, allá en los baños. Nomás de verme caminar me dijo, Bonita. Y sentí que me derretía.
Cuando le di mi correo, ultratiern@, le encantó. Me urge que vengas a mi casa, me dijo.
Y entonces hace apenas un par de semanas, me pidió no que fuera su novia. Ya no estamos en edad. Sino que fuera su puta.
Y francamente me sentí muy halagada.
hotttttttttttt!!!!